Presentación de José Antonio García Rosas

Escrito por José Antonio García Rosas
Presentación en TU cine

Querida Silvia,
Amigos aquí reunidos,

Antes que nada, quiero decirles que me honra compartir esta mesa para presentar una de las novelas que más me ha conmovido en los últimos tiempos: La dignidad encarnada. A lo largo de muchos años he sido editor de obras de ficción y gran periodismo; he conocido un sinfín de historias de la vida real, a veces entreveradas con fantasía, pero la historia, quiero decir, las historias que nos cuenta Silvia en su novela me llaman la atención por dos cosas: porque tienen lugar en Mozambique, un país muy lejos de México; y porque son historias de una sociedad que uno pensaría que dejó de existir hace siglos, pero que desgraciadamente existe hoy en día. En los últimos tiempos, recuerdo pocos libros en la literatura latinoamericana que se hayan alejado del entorno local para narrar acontecimientos de otras geografías. Por ello también es notoria esta novela.

 

Tenemos en nuestras manos más que una historia de amor entre Zubaida y Traquino, los personajes principales: es la historia de Mozambique, un pueblo autoflagelado por sus creencias, por la guerra civil, por el atraso económico. Castigado por los colonizadores portugueses, atrapado en mitos religiosos. Son las historias de muchos personajes, todos diferentes y únicos.

Como decía, parecería que estamos leyendo una historia legendaria ocurrida en siglos pasados, cuando en vez de aviones había carabelas, llena de rituales que no tienen que ver con la ciencia actual. Pero no: estamos ante una realidad que en pleno siglo XXI nos golpea despiadadamente.

En esta novela, Silvia Gurrola explora por qué la codicia y la avaricia son el origen de tantos males, incluida la discriminación contra la mujer y la presión sobre los hombres para demostrar que son machos a cabalidad. Nos hace reflexionar sobre lo irracional que es practicar costumbres ancestrales sin meditarlas.

Todos los personajes de su novela, de algún u otro modo, son una historia triste, víctimas de la violencia y la ignorancia de su pueblo. Sin embargo, y ésta es una de las grandes cualidades del libro, no es una novela triste. Es cruda, sí, pero no triste. Hay que recordar que la literatura no es como la realidad. En la realidad, diría Vargas Llosa, lo bello es bello y lo feo es feo, mientras que en la literatura lo bello es bello y lo feo también es bello. Es por eso que esta novela, por cruda que parezca, inspira un ánimo positivo: la convicción de que este mundo es controlable, de que la felicidad se alcanza en los detalles que parecen más insignificantes, de que hay esperanza ante las mayores adversidades y de que es posible transformar todo lo que está equivocado, aunque se haya practicado durante siglos.

Silvia no sólo hace un rescate de valores, sino que imprime un gran amor a la historia (historias) que narra. Es una novela entusiasta, optimista, que da ánimo y esperanza, una luz en medio de penumbras. Es evidente que la autora puso en esta obra todo su corazón, todo su amor. En estos días, eso es digno de aplaudirse y de agradecerse.

Borges decía que el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. Tu novela, Silvia, lo ejemplifica a la perfección. Has sabido conservar la memoria de lo que atestiguaste y has sabido darle el giro de la imaginación para llevarnos a un mundo remoto pero universal, donde el dolor humano es el mismo, no importa si es en Mozambique o en México o en Asia.

La novela está llena de historias: el amor y desamor entre Zubaida y Traquino, la desigualdad de género, la ignorancia, el ritual ancestral que no sabe adaptarse o anularse ante el rigor científico, la presión social sobre los hombres, la entrega de mujeres en matrimonio a cambio de una dote, la prostitución, el VIH, la guerra civil.

La novela, asimismo, se enriquece con el ojo observador y siempre atento de la autora: registra todo tipo de detalles, desde objetos domésticos hasta prácticas religiosas, vestimentas, alimentos, cómo están construidas las casas, etc. Esta novela nos transporta literalmente a aquel país africano. Silvia no dejó de lado olores, colores, sensaciones, nada.

Silvia: como te comenté en una ocasión, con esta novela nos has demostrado que eres toda una escritora. Y tienes que sufrir los males del escritor: esta novela tú la escribiste, pero ya no es tuya. Parafraseando a Octavio Paz, es palabra de ti, pero sin ti. Ahora vuela sola hacia el mundo. Ahora es nuestra. Déjanos disfrutarla y vivirla y sufrirla y llorarla y alabarla cada quien a su manera.

Enhorabuena.

José Antonio García Rosas, Editor de obras ficción y gran periodismo para Grupo Planeta. Tequisquiapan, Qro. 25 de julio de 2014.